Esas piedras (...) abandonaron su dureza; su rigidez se tornó lentamente en suavidad y, una vez ablandadas, tomaron forma, y mientras se transformaban y sentían el suave tacto de la naturaleza, parecía surgir una semblanza, todavía indistinta, con la forma humana, como el primer mármol desbastado de una estatua.

Ovidio, Las Metamorfosis

 

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